El señor Tambó

PATATO VALDÉS

El gran “Patato” sigue vivo. Y es que el melódico ritmo que grabó, más que en los vinilos en el corazón de millones de melómanos, es tan maravillosos que hay quienes atribuyen esa creación a una materialización de Oshún, Yemayá, Oggún, Elegua o Changó o a un conjuro heredado de Aña, Dios Orisha que habita plácidamente dentro del tambor. De hecho, Carlos Valdés mantenía constante comunicación con sus deidades tocando tambores sagrados y entonando cantos religiosos, como también con los collares que lo ligaban a las deidades Yoruba.

La musicalidad del “Patato” Valdés era tan brillante que, hasta tocando cucharas de madera generó admiración. Él creció tocando la marímbula o botijuela; el shekere y el washtub, instrumentos de origen africano y la tamburina, una especie de pandereta. Al respecto, el “Patato” comentó: “Aprendí a tocar la rumba usando cajones de madera en mi barrio de La Habana. Mi primer instrumento fue el tres; me enseñó mi padre… También tocaba el contrabajo y la marimbula. Empecé a tocar profesionalmente cuando tenía dieciocho años.”

A principios de los años cuarenta tocó como profesional en el Conjunto Kubavana, en la Sonora Matancera y el Conjunto Casino. Con esta última agrupación grabaron los famosos temas “Rumba en el Patio” y “Sonaremo el Tambo”, también por la misma época, integró las bandas de Pérez Prado y Benny More. En 1954, ya en Nueva York, inició a trabajar con Tito Puente, siendo su primera grabación en Estados Unidos el álbum “Afro-cuban”, del trompetista Kenny Dorham.

La participación del “Patato” Valdés en grabaciones es inmensa. En 1957 graba con Mario Bauzá y Machito el famoso disco “Kenya” pieza maestra del afro cuban Jazz. Luego participa en el disco “Orgy in rythm” de Art Blakey. En 1958 vuelve a grabar con Machito los discos “With flute to boot” y “AFROCUBANS” y, en ese mismo año, asume la percusión latina del sexteto Afro Jazz del flautista Herbie Mann, con quien trabaja durante nueve años.

Después de debutar en 1963 con Eugenio Arango, “Totico”, su amigo de infancia en La Habana, “Patato” Valdés continuó acompañando a múltiples artistas y agrupaciones como Johnny Pacheco en “His flute and Latin Jam”. En 1967 se une a los legendarios Israel “Cachao” López y Arsenio Rodríguez para grabar el álbum de rumbas callejeras, “Patato y Totico”; trabajo con el que buscaron un nuevo sonido al fusionar los guaguancós habaneros con la samba y elementos de la cultura norteamericana.

A Carlos “Patato” Valdés, a parte de incluir tres congas en el escenario, se le atribuye la invención del sistema de llaves para afinarlas. De hecho, en 1970 Martín Cohen de Latín Percussion adquirió los derechos para la construcción de las tumbadoras “Modelo Patato”; el logo comprendía el nombre del genial músico y creador.

En la década del 70 “Patato” deja su huella en la salsa, aportando su magia en los álbumes de Ismael Rivera: “Lo último en la avenida” con el legendario Francisco Bastar – Kako y su orquesta, y “Esto fue lo que trajo El Barco”, con Maelo y Los Cachimbos. De otra parte, aunque la grabación del concierto no registraron su participación, el “Señor Tambó”, como lo llamó Maelo en el tema “La Gata Montesa”, estuvo presente en otro momento significativo para la salsa: el debut de la Fania All-Stars en el Cheetah. Esa noche subió a la tarima como también lo hicieron Kako y los trompetistas Ray Maldonado y Ernie Agosto.

Con esta característica de libertad, de compartir el escenario de la fama con los mejores, Patato Valdés registró su huella de inmortalidad que callejón LATINO exalta en su memoria.

por: @negro_latino #DeLatinosEnElMundo

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Mi Guaguanco - Carlos "Patato" Valdes (batacumbele) - video tomado de youtube

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